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Disminuir la actividad del monitor.

Para mantener el brillo y la claridad, la pantalla precisa una gran cantidad de energía. Si se rebaja su intensidad, conseguiremos ahorrar bastante batería. El control para hacerlo suele ser una opción secundaria de una de las teclas de función (las que llevan una F o Fn delante de un número). Se representa con un símbolo del sol junto con los iconos de arriba y abajo.

Modificar la configuración. 

A poco que exploremos, descubriremos que numerosos sistemas operativos incluyen funciones de ahorro de energía. Entre ellas se encuentra la que suspende de forma automática el ordenador cuando lleva un determinado tiempo de inactividad.

Desconectar la WiFi.

La conexión WiFi, aunque no lo parezca, consume mucha batería de forma constante. El sistema permanece siempre a la búsqueda de redes inalámbricas. Así que, si se desconecta cuando no hace falta acceder a Internet, repercutirá en un importante ahorro. En el caso de que el ordenador no disponga de un interruptor para hacerlo, se desactiva manualmente a través del Panel de Control, en concreto, en la opción Accesos de Red.

Apagar los periféricos.

El inocente ratón, la webcam o un pendrive también exprimen la batería. Es la placa madre la que los alimenta. Una práctica beneficiosa podría ser pasar los datos de la memoria flash cuanto antes y luego desconectarlo del puerto. Por otra parte, muchos portátiles cuentan con botones que apagan la cámara web.

Retirar los discos ópticos de la unidad.

Si se dispone de reproductor o grabador de CDs y DVDs Externos, lo mejor es retirar el disco cuando no está en uso. Sobre todo, antes de poner el equipo a recargar la batería.

Añadir hardware extra.

Algunos ordenadores portátiles soportan mucho trote y permanecen operativos casi todo el día, mientras que otros realizan tareas ocasionales. Lo mejor es investigar qué modelo se adapta mejor a nuestras necesidades. Las baterías constan de celdas; a mayor número de celdas, mayor es su autonomía (y también su precio, claro). Si el máximo de celdas continúa sin ser suficiente, existe la posibilidad de incluir gadgets como baterías externas.

Eliminar los programas que no usamos. 

Si antes nos fijamos en el hardware, ahora nos centramos en el software. A menudo se acumulan en el sistema aplicaciones que, al final, no se emplean para nada. Sin embargo muchas de ellas, por el mero hecho de estar instaladas, demandan energía. Si se desactivan, se logra un ahorro.

No confundir el ordenador portátil con un sobremesa.

Es una práctica habitual mantener todo día el portátil enchufado a la corriente eléctrica. Una costumbre que lo perjudica irremediablemente. Un portátil es un portátil, así que lo mejor es utilizarlo como tal.

Esperar a que finalice el proceso de recarga.

Otro hábito fatal es no permitir que se complete el proceso de carga de la batería. Si se interrumpe, el dispositivo sufre y acaba por menguar su capacidad.

Mantener el ordenador limpio y ordenado.

El equipo a menudo acumula “porquería”. Documentos que recibimos a través del correo electrónico, imágenes, herramientas inútiles… Un montón de elementos que acaban por desorganizarse, que hay que mantener y que, en última instancia, no valen para nada excepto para ocupar espacio y consumir energía. Lo saludable es que la máquina permanezca libre de lastres y con todos los elementos ordenados. Para ello, resulta conveniente desfragmentar el disco duro de vez en cuando. Cuando lo hacemos, los archivos se “recolocan” de forma automática y mantienen un orden.

Este articulo fue extraído de http://jcvmsys.blogspot.com/

Espero que les sea de Utilidad, Saludos…